El destino de todo texto

El destino de todo texto
Depósito abandonado de libros; Detroit, Michigan

¿Qué tan blanco eres? Selección Pecar como Dios manda...

[...] Digo que es paradójica toda la escala social de los hijos que parece incluso invertir la de la sangre blanca en la cual se basaba. Claro que todo parece de nuevo referirse al origen cuando se recuperan las intrincadas e imposibles taxonomías que los españoles idearon para saber quién es quién entre el "perro" o el "chorizo" y toda la enorme "mezcla de carnes" del mundo mulato y mestizo, para usar los términos que fueran comunes en el siglo XVII y XVIII. La dolorosa clasificación que ofrezco, para regodeo y divertimento, es real y fue usada durante la colonia. La cita el investigador y antropólogo Arturo Cifuentes Toro en un impactante artículo denominado De la sexualidad y la mujer en el mundo indígena prehispánico:


«1. Un español y una india engendran un mestizo.

2. Un mestizo y una española engendran un castizo.

3. Una castiza y un español engendran un español.

4. Un español y una negra engendran un mulato.

5. Un español y una mulata engendran un morisco.

6. Una morisca y un español engendran un albino.

7. Un español y una albina engendran un torna-atrás.

8. Un indio y una torna-atrás engendran un lobo.

9. Un lobo y una india engendran un zambaigo.

10. Un zambaigo y una india engendran un cambujo.

11. Un cambujo y una mulata engendran un albarazado.

12. Un albarazado y una mulata engendran un barcino.

13. Un barcino y una mulata engendran un coyote.

14. Una coyota y un indio engendran un chamizo.

15. Una chamiza y un mestizo engendran un coyote mestizo.

16. Un coyote mestizo y una mulata engendran un ahí te estás.»



Lo más paradójico es que los españoles pensaran que al final de toda esta mezcolanza, el mestizo acabaría por blanquearse, convertido casi en un español cuando tuviera menos de un octavo de sangre india o negra; ochavones se los llamaba. Ese blanqueamiento nunca ocurrió porque fue más bien el rasgo indio y negro el que desdibujó al español de los rostros americanos. Aún en Colombia algunos se auscultan desesperados por saber cuánto de chorizo y cuanto de andaluz corre por sus venas, reclamando derechos reales y membrecías de clubes de usanzas coloniales. Con orgullo se los ve clavando bastardos apellidos en la entrada de sus casas engastados en alguna ridícula heráldica o averiguando quién es el padre de la novia. Lo que ignoran los así preocupados es que lo propiamente colonial es el amasijo poluto, concupiscente y sexual entre las castas, que toda nuestra ascendencia muy probablemente fuera alcahueta, adúltera, amancebada, concubina o arrepentida antes que noble, más difícil de reversar en su mezcla que un huevo perico.