El destino de todo texto

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Depósito abandonado de libros; Detroit, Michigan

viernes, 27 de enero de 2017

El Espagueti erótico y otras inserciones notables

El médico canadiense Rob Myers en su libro La Mujer que tragó su gato y otras increíbles narraciones médicas  cuenta el caso de un adolescente que buscando estimular sus prácticas auto-eróticas se insertó por vía uretral un espagueti crudo. Al intentar extraer la varita de harina tiesa, esta se quebró produciendo un dolor indescriptible, El paciente corrió a urgencias en donde llegó alegando una apendicitis. A veces la estupidez y la mala suerte forman conspiraciones asombrosas; la residente que atendió a Chad –el nombre del paciente- no sólo era inexperta sino lo suficientemente voluptuosa como para causarle una erección que terminó fraccionando aún más la endeble pasta, que debió ser removida quirúrgicamente pieza por pieza, valga la pena aclararlo, por un urólogo.
  

Es tan común esta práctica de inserción auto-erótica que los proctólogos David B. Busch y James R. Starling de Madison, Wisconsin, compusieron una lista de utensilios más sacados del colon. Tras haber estudiado 182 casos de inserción de objetos foráneos, publican en la revista Surgery Magazine de 1986 el artículo "Rectal Foreign Bodies". Por efectos de extensión y de pudor, reproduciré la lista sólo parcialmente, señalando entre algunos objetos comunes, otros que son aptos para hacerlo a uno reacomodarse en el sillón. Entre los casos estudiados, aparte de las botellas, los pepinos, los bombillos y los huevos, objetos comunes en la lista, se destacan diez palos de escoba, un pocillo metálico, un cuchillo de cocina, un inflador de balones, un cuerno de vaca, una cola de cerdo congelada, dos pares de gafas, una revista enrollada, una jarra de cerveza con porta-vasos y 402 piedritas de la calle.


Es de destacar que las 402 piedras fueron encontradas en la misma persona. El sabio griego Demóstenes, uno de los tartamudos más elocuentes de la historia por su retórica, solía llenarse la boca de piedras para practicar su vocalización y dificultar su habla aún más antes de dar un discurso. Insertar piedras por el culo no parece corresponder a ninguna capacidad retórica. En la cantidad de 402, parece un intento de bajar el punto de gravedad, como en los animales de peluche.  Otro de los elementos que se destacan es el de la jarra de cerveza con portavasos. ¿Qué meticuloso mancho-fóbico insertar el portavasos luego del vaso? Desde que leí la lista me ha impresionado que la escogencia de objetos poco o nada tiene que ver con la ergonomía y el diseño aerodinámico del mismo: un pocillo, unas gafas. Es un acto de auto-agresión: maldita sea, me meto esto por el culo. Es un acaecimiento total, definitivo, completo y acabado…Sólo que con él la vida no termina sino que se abre un capitulo no tan apasionante en un pabellón de urgencias.