El destino de todo texto

El destino de todo texto
Depósito abandonado de libros; Detroit, Michigan

domingo, 10 de abril de 2016

Argumentos del Cuerpo

Supongamos por un momento que soy una mujer negra, judía y lesbiana atrapada en el cuerpo de un hombre. Se trata de uno de estos juegos de movilidad de género. O con el mismo tinte, supongamos lo contrario; que soy un hombre blanco, ojiazul y republicano que clama por salir del cuerpo de una mujer negra, judía y lesbiana…mas incorrecto quizá. En los dos casos, ¿de quién son los argumentos que salen por boca de las criaturas de ese bestiario de lo políticamente correcto? ¿De cuál ‘cuerpo’, de qué ‘persona’? Cuando cualquiera de los dos grita algo del estilo ‘soy marginal, soy una (o un) outsider, soy una oprimida’, ¿habrá que creerle? Y en ese caso, ¿a quién habrá que creerle? ¿Es más grave que lo diga la mujer negra atrapada en el cuerpo del republicano o el republicano atrapado en la mujer negra? ¿Si uno de los dos grita “negros hijueputas…” -como lo hizo en alguna ocasión Jorge Eliecer Gaitán frente a una plaza de Bolivar llena, sólo para resolver su frase con ‘negros hijueputas nos dicen los Santos y los Lleras’- es mucho peor en un caso que en el otro? Considere que quizá no le suene tan mal a la mujer negra poseída porque según algunos, los argumentos son del cuerpo. Y el cuerpo dice cosas…La nueva mitología de la corrección política recuerda sin saberlo los preceptos del viejo marxismo: la verdad viene al mundo por boca de los oprimidos. Pero acá…¿quién es el oprimido? ¿La mujer poseída por el republicano, o el hombre atrapado en el cuerpo de una mujer negra? ...se vuelve  complejo. Fíjese cualquiera, la idea de movilidad de género no se parece llevar muy bien con la de los argumentos del cuerpo, la idea de que un improperio es peor dependiendo de quién venga. O renunciamos a la movilidad absoluta de género o empezamos a admitir que un improperio es tan insultante, desmotivante, obnubilante, venga de donde venga. Pero no los dos al mismo tiempo.


Claro, siempre es posible salir del paso alegando que esto lo dice un hombre blanco -aunque no republicano-, poseído por una lógica bivalente y falocéntrica que le gusta pintar todo de poseída-poseedor, penetrada-penetrador; yo. Pero también yo puedo alegar que en mi interior habita esa mujer negra que se apoderó del personaje que sale retratado en mi cédula...la cosa es más compleja aún, ¿verdad?
Claro, nunca sucederá algo así, es un imaginario….Nunca sucederá, hasta que sucede. El caso de Rachel Dolezal en EU parece haber mostrado que vivimos en tiempos en los que no tanto los sueños se cumplen sino que los absurdos son viables. Dolezal, una mujer blanca ojiazul, llamó la atención de los medios a mediados del 2015 cuando enfrentó a sus padres de descendencia sueca diciendo que ella era una mujer negra, así no concordara con su historia ni con su biología. Alegó que desde niña se pintaba con crayolas marrón, y que por ser negra se le había negado el ingreso a una universidad. Sus padres no recuerdan nada de ello; el absurdo suele quedar sujeto a una buena dosis de interpretación. Si fuese una mujer negra que se declara blanca nunca habríamos sabido de ello. Pero era blanca: había que tomarla en serio.  El caso hizo que la corrección política se tuviera que poner de cara a sí misma, como suele hacerlo porque los primeros ofendidos fueron los voceros de las comunidades negras…y con razón. La movilidad de género es una cosa…pero la de grupo étnico-social implica usurpar los derechos de los mismos representantes de aquello a lo que uno alega haberse convertido: paradójico, e increíblemente orgánico.
Veo acá una tendencia retrograda y peligrosa. Los defensores de los argumentos del cuerpo –los podemos llamar conservadores difusos-  no tendrán en el fondo más opción que afirmar que hay una raza de sujetos como yo que haga lo que haga siempre será incorrecto; mi cuerpo lo es, una viviente e irrenunciable porción de incorrección, con un aviso de hombre blanco heteronormativo sempiternamente clavado sobre mi frente. ¿Es esto algo más que la discriminación que arrancamos intentando evitar? Mejor permítaseme ser un hombre blanco agudizado y atrapado en el cuerpo de un hombre blanco que clama por salir, que ya con esa sola inconsistencia tengo.