El destino de todo texto

El destino de todo texto
Depósito abandonado de libros; Detroit, Michigan

jueves, 5 de marzo de 2015

Una Luz Tenue


(Obituario para mi madre Olguita en sus veinte años de ausencia)
Hay una escena que recuerdo con especial vividez. Abrí la puerta de repente y la enfermera te estaba cambiando una pijama que empapada de sudor. No había caso de irse para ninguna parte, ni de fingir que no te había visto, estabas ahí, desnuda, sin un solo pelo en la cabeza y por primera vez desde tu enfermedad me miraste de frente. Hubo algo en ese instante...también yo te miré sin detenerme. La luz tenue que entraba por la ventana del cuarto aledaño te capturaba, como si te contuviera. La enfermera también se detuvo en su tarea, se dio cuenta que se atravesaba en las miradas y se debió correr para permitir que se cruzaran. Por un tiempo que se me hizo muy largo, estuvimos en silencio; el horrendo bullicio de la calle que inundaba siempre nuestro apartamento pareció acallarse. Recuerdo el enorme esfuerzo que hice para no llorar; hubiera sido una pequeña deslealtad ante la serenidad de tu mirada. Me tardé veinte años en comprender lo que entonces me decías con un poder que solo lo da la cercanía de la muerte; que esa eras tu, que esa persona que estaba ahí, de alguna manera purificada por la misma vida que vivió, ya estaba lista para dejar atrás todo esto que los años solo han logran llenar de absurdos deseos...como el de volver a mirar en tus ojos que llevo tanto sin ver.