El destino de todo texto

El destino de todo texto
Depósito abandonado de libros; Detroit, Michigan

sábado, 13 de septiembre de 2014

IA Colombia

He sido un acérrimo objetor a la idea de retirar de los semáforos a los robots humanos, esos seres forrados en tela de aluminio que en alguna parte de su humanidad tienen instalada la alarma de un carro. He sido un enemigo porque es nuestro proyecto de IA (inteligencia artificial), sólo que lo tenemos al revés; mientras en Silicone Valley se intenta que las máquinas actúen como humanos, intentamos que los humanos tengan la mínima precisión de una máquina. Esos robots no son un hobbie casual, son una meta de nuestro pueblo.
Pero me duele ver cómo todo el proyecto parece destinado al fracaso; esos robots han venido evolucionando en personas con apariencia normal aunque conservaron parte de su cerebro positrónico; ahora son una central de datos para las busetas que quieren saber qué tanta ventaja les lleva la que acaba de pasar. Como los primeros computadores, se fueron volviendo más amigables para el usuario. Eso sí, que nadie diga que no avanzamos a la velocidad promedio en que avanza la tecnología en el mundo.